20/10/08

“……………………” por Juan Jauregui

Publico este escrito por la simple razón de encontrarme, como casi la mayoría, lleno de dudas y preguntas. Y en esta constante interrogación y necesidad de encontrar por lo menos algunas certezas, no hago más que hacerme y hacer nuevas preguntas.

Afortunadamente, y verdaderamente lo celebro, está esta iniciativa que tuvieron algunos estudiantes de preguntarse, investigar y poner sobre la mesa una discusión tan sustancial como la validez de los títulos de las carreras que han elegido como opción de vida.

Ahora bien, intentando analizar el contexto en el que se desenvuelven estos hechos, nos encontramos con que están generados en gran parte por la No Normalización, requisito indispensable para el funcionamiento democrático, público y participativo de una casa de estudios. Como centro cuya finalidad es la de estimular la creación de significados compartidos y la investigación-producción de conocimientos, debería bregarse por los principios de justicia, libertad, ética, compromiso, y responsabilidad, pero lamentablemente nos encontramos ante otra realidad.

Hasta ahora los interrogantes se relacionan con la validez de los títulos, las carreras, centro de estudiantes y algunos otros temas sustanciales, pero existen otras cuestiones que, a mi entender, deben ser expuestas y hechas públicas, si se quiere como un acto de “solidaridad” hacia otros sectores que están íntimamente ligados a nuestra formación, .
me refiero al sector docente y no docente.

Y es acá cuando me pregunto: ¿Es justo que las personas que se despeñan como docentes; artistas, administrativos y auxiliares de servicio, y que con su trabajo dan al lugar el prestigio de excelencia académica que se proclama como principal característica del Instituto no gocen de estabilidad laboral?

¿Es justo que estas personas no puedan proyectar aspectos básicos de sus vidas a un plazo no mayor a medio año?

¿Es justo que se decida sobre sus destinos y sus vidas cada 6 meses?

Como futuro profesor de música (y en defensa de la profesión docente), como actual alumno, como ciudadano en defensa de los derechos de los trabajadores, y como simplemente una persona que entiende que lo justo es justo cuando lo es para todos, la respuesta es una sola: NO, de ninguna forma es justo.

Ya no me refiero a docentes, administrativos etc. ... me refiero a personas, no es admisible que sus derechos laborales, amparados por la constitución, sean vulnerados por la dilación de acciones.

Atendiendo al carácter dialéctico de las relaciones que hilvanan hechos, quiero hacer referencia al tema desde otra óptica. Es así que, como alumno del instituto, me planteo algunos interrogantes que hacen a la excelencia académica, más allá de la validez de los títulos, de la aprobación de los planes de estudio y demás… Simplemente me pregunto:

Independientemente de la validez de los títulos, ¿están garantizados los procesos de aprendizaje de los alumnos si quienes conforman la verdadera estructura que impulsa la institución no gozan de estabilidad para llevar adelante las acciones que conducen a los procesos de enseñanza aprendizaje?

¿Es concebible una enseñanza y un aprendizaje no condicionados bajo un entorno altamente condicionante?

A quienes seguimos la carrera de profesorado, ¿es posible plantearnos la alternativa de “PRAXIS”, de “REFLEXIÓN Y ACCION” en un ambiente en el que se impregna a la cotidianeidad con un aire funcionalmente socializante que, aunque imperceptible, nos SATURE la CONCIENCIA y nos moldee la CONDUCTA?

Para terminar, quiero decir que, por favor, se considere a este cúmulo de preguntas como posibles temas para el futuro, que quizás puedan ampliar los debates dentro de la institución, debates que, a mi entender, requieren la participación de los distintos sectores que integran la comunidad educativa del IUPA.

¿Por qué? Porque la libertad no se otorga ni se recibe, se construye.

Jauregui Juan Bernabé.
DNI 26612008
LEGAJO 08853

¿Qué espero del arte?... Facundo Catalán

¿Qué espero del arte
cuando la plata puede
de un solo firme paso
comprar las ideas?

¿Qué busco en el arte
si la música sirve
para amansar fieras
y tapar voces?

¿Qué espero del arte
si la vida exige pan
y a cambio sólo tengo
un puñado de ideas
hechas canción?

¿Qué queda de arte
en un medio partido
entre obstinados y sumisos,
entre callados e ignaros?

¿Quién quiere al arte
cuando lo convencen
de querer lo vacío
de necesitar lo estéril?
“El artista en su encrucijada” sería un título vendedor, marketinero, y seguramente disparador de algunas voces que pueden tener algo para decir. Pero una vez más, esas voces se perderían, confundidas, acalladas y censuradas por la peor censura que es la indiferencia, en un enorme cúmulo de voces que pretendieron y pretenden convencernos de que no necesitamos del arte para vivir, o al menos no más que lo que necesitamos un mal disco o una mala película.

¿Por qué, después de todo, vamos a necesitar del arte para vivir hoy? Si los poderes mundiales de turno –de turno en todos los ámbitos– nos muestran que es más importante repetir que pensar, tener que hacer, y copiar que crear. La vida digerida que vivimos no tiene un espacio reservado al artista.

ARTISTA: personaje incómodo que incomoda. Bomba de tiempo que como el mejor de los terroristas se puede pasear inocentemente entre la multitud, sin hacer alarde absolutamente de nada, pero que sin duda, está buscando su momento de hacerse oír.
Y sin embargo ¿Quién puede creerle a quien, haciéndose llamar artista, vende su obra a ese poder de turno, que la aprovecha en su máxima expresión: la venta? ¿Quién confía en alguien que ha hecho bandera de ideales en los que nunca creyó, y por los que jamás peleó desde su trinchera?

Sería de necios pedirle al artista que cambie el mundo. Seguro. Pero urge exigirle que se haga oír. El mundo está necesitado de arte, y en su lugar busca la respuesta en el medio comercial, ese que nunca le dio lugar al arte fuera del de ser objeto de venta. Esta búsqueda está tan errada que anestesia la sensibilidad del hombre por lo verdaderamente trascendente, negándole la capacidad de discernir entre lo que es importante y lo que es útil, entre lo convincente y lo impactante.

La palabra del artista se debe hacer oír, pero más que nunca, se debería escuchar. Nadie sabe mejor que él de las adversidades de su tiempo, de nuestro tiempo. Adversidades profundas, que son aún las causantes de lo que nos quieren hacer creer que son los verdaderos problemas contemporáneos: el hambre, la guerra, la pobreza y las enfermedades. El problema de fondo subyace en la indiferencia del hombre por el hombre, el desprecio que él mismo siente por él mismo, que lo lleva a enfrentarse día a día, a autodestruirse como quien está convencido de ser el problema... Y ve en el hermano a un enemigo, y en el compañero a un traidor.

El artista sabe que en el hombre está la respuesta para el hombre, y que nadie debe decirle cuál es, porque en el fondo la sabe। Tan en el fondo que parece mentira que ese lugar se llame conciencia. Y es que la conciencia fue sepultada con las ideas hace ya demasiados años. Y de ambas cosas se nutre el arte para crecer y hacerse oír.